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Trastorno del lenguaje: ¿Y si el problema no fuera solamente que "necesita más terapias"?

  • Foto del escritor: Dra Florencia Sanabria
    Dra Florencia Sanabria
  • hace 6 días
  • 4 min de lectura

Una de las consultas más frecuentes que recibo es la de padres que llegan preocupados porque su hijo tiene un trastorno del lenguaje. La historia, muchas veces, se repite.

Comenzó hablando más tarde que otros niños. Le cuesta comprender consignas, formar frases o expresar lo que piensa. La familia consulta, se realiza una evaluación y la respuesta suele ser inmediata: "Necesita fonoaudiología".

Pasan los meses, luego agregan psicopedagogía, después terapia ocupacional. Más adelante psicología.


En algunos casos también estimulación cognitiva y mientras el calendario del niño se llena de actividades, hay una pregunta que muchas veces queda sin responder:

¿Por qué ese niño desarrolló un trastorno del lenguaje?

Las terapias pueden ser fundamentales para muchos pacientes. No escribo este artículo para cuestionar el trabajo de los terapeutas, cuyo rol es indispensable. Lo que me preocupa es cuando las terapias se convierten en la única respuesta, sin intentar comprender qué procesos médicos pueden estar interfiriendo en el desarrollo del lenguaje porque el lenguaje no aparece por casualidad.

Es el resultado del correcto funcionamiento de un cerebro que necesita múltiples sistemas trabajando en equilibrio.

Durante años decidí formarme en distintas especialidades porque entendí que el lenguaje no podía estudiarse únicamente desde la conducta. La pediatría, la psiquiatría, la psiquiatría infantojuvenil, la nutrición clínica y la formación continua en neurodesarrollo me permitieron comprender que detrás de un mismo síntoma pueden existir mecanismos biológicos completamente diferentes.

Dos niños pueden tener exactamente el mismo diagnóstico de trastorno del lenguaje y, sin embargo, requerir abordajes médicos completamente distintos.

Uno puede presentar un trastorno del sueño que altera la consolidación de los aprendizajes, otro puede tener una enfermedad gastrointestinal con inflamación persistente, otro puede presentar alteraciones metabólicas que afectan el funcionamiento cerebral. En otros casos pueden existir condiciones genéticas, neurológicas, inmunológicas, nutricionales o deficiencias específicas que, cuando la historia clínica lo justifica, merecen ser evaluadas.

Si las causas son diferentes, el abordaje también debería ser diferente. Sin embargo, muchas familias llegan al consultorio después de haber escuchado durante años la misma recomendación:

"Haga más terapias."

Y entonces comienza una rutina que termina organizando toda la vida del niño.

Lunes, dos terapias.

Martes, tres terapias.

Miércoles, otras dos.

Jueves y viernes igual.

El niño sale del colegio para comenzar otra jornada de actividades, con muy poco tiempo para descansar, jugar, compartir con su familia o simplemente ser un niño.

Algunos pacientes toleran muy bien esta dinámica. Otros comienzan a mostrar signos de agotamiento físico y emocional. Pierden motivación, aumentan la irritabilidad, aparecen crisis, rechazo a asistir a las sesiones, trastornos del sueño o dificultades para sostener la atención.

En medicina conocemos el síndrome de burnout como un estado de agotamiento relacionado con demandas sostenidas. Aunque este concepto se ha estudiado principalmente en adultos y no corresponde utilizarlo como diagnóstico general en niños, sí es importante reconocer que una sobrecarga de actividades puede generar fatiga y estrés en algunos pacientes. Por eso el objetivo nunca debería ser acumular terapias sin evaluar si el plan realmente responde a las necesidades individuales del niño.

La pregunta no debería ser solamente cuántas horas de terapia recibe.

La verdadera pregunta es:

¿Estamos tratando la causa o solamente intentando compensar las consecuencias?

En nuestro consultorio trabajamos desde un enfoque clínico integral, no vemos únicamente un trastorno del lenguaje, vemos un niño completo.

Analizamos su embarazo, nacimiento, desarrollo, antecedentes familiares, alimentación, crecimiento, sueño, estudios previos, evolución clínica y cada detalle que pueda orientar el razonamiento médico.

Cuando la evaluación lo indica, investigamos distintas áreas que podrían estar relacionadas con el cuadro clínico. No todos los pacientes necesitan los mismos estudios ni presentan las mismas condiciones. Justamente esa es la base de la medicina personalizada.

Muchas veces las familias llegan con una resonancia magnética normal, un electroencefalograma normal y un laboratorio básico sin alteraciones relevantes.vEso no significa necesariamente que ya no haya nada más para investigar. El desafío está en decidir qué preguntas clínicas todavía no fueron respondidas y qué estudios realmente pueden aportar información útil para ese paciente en particular. Ese razonamiento requiere tiempo, experiencia clínica y una formación que integre diferentes áreas de la medicina.

Fue precisamente esa necesidad la que me llevó a dedicar años de mi carrera a especializarme en distintas disciplinas. Porque comprendí que ningún profesional puede entender completamente el neurodesarrollo mirando solamente una parte del problema.

Cuando un padre me pregunta qué más puede hacer por su hijo, mi respuesta nunca comienza hablando de una nueva terapia.

Comienza intentando comprender por qué ese niño presenta ese trastorno del lenguaje.

Porque solo cuando entendemos qué está ocurriendo podemos construir un tratamiento verdaderamente personalizado.

Si sentís que tu hijo ya realiza múltiples terapias pero todavía necesitás entender mejor qué está ocurriendo desde el punto de vista médico, una evaluación clínica integral puede ayudarte a revisar el caso desde otra perspectiva.

Durante la consulta analizamos toda la historia clínica, revisamos los estudios previos, evaluamos los antecedentes y definimos, cuando existe una indicación médica, un plan diagnóstico y un abordaje personalizado.

Nuestro objetivo no es sumar más actividades al calendario de tu hijo.

Nuestro objetivo es responder una pregunta mucho más importante:

¿Estamos comprendiendo realmente por qué tiene un trastorno del lenguaje?


Porque cuando la medicina investiga más allá del síntoma, muchas veces aparecen respuestas que permiten orientar el tratamiento de una forma mucho más individualizada.

Si buscás una segunda opinión o una evaluación clínica integral que vaya más allá del diagnóstico y las terapias, podés solicitar una consulta. Tal vez la pregunta que falta responder no sea cuántas terapias más necesita tu hijo, sino qué está intentando decirnos su historia clínica.

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