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¿Qué más se puede hacer por un niño con autismo? Una mirada clínica que va más allá del diagnóstico

  • Foto del escritor: Dra Florencia Sanabria
    Dra Florencia Sanabria
  • 4 jul
  • 4 min de lectura

Si hay una frase que escucho todos los días en el consultorio es esta: "Doctora, ya nos dijeron que lo único que queda es hacer terapias." Y, casi siempre, la siguiente pregunta es: "¿No hay nada más que podamos hacer por nuestro hijo?"

Mi respuesta es siempre la misma: antes de responder qué tratamiento necesita un niño, primero debemos preguntarnos por qué ese niño desarrolló esas manifestaciones clínicas. Un diagnóstico conductual puede describir un conjunto de características, pero no siempre explica qué procesos biológicos están contribuyendo a ellas. Esa diferencia cambió mi forma de ejercer la medicina y fue la razón por la cual dediqué años a formarme en distintas especialidades para poder integrar el neurodesarrollo desde una perspectiva clínica mucho más amplia.

Durante mi carrera comprendí que muchas familias llegaban agotadas después de recorrer un camino muy parecido. Consultaban por retraso del lenguaje, irritabilidad, regresiones, problemas de sueño, selectividad alimentaria o dificultades sociales. Se realizaba una evaluación conductual, recibían un diagnóstico de trastorno del espectro autista y la recomendación principal era comenzar terapias. Las terapias pueden ser una herramienta importante dentro del tratamiento de muchos niños, pero una pregunta seguía sin respuesta: ¿Qué está pasando en el organismo de este paciente para que se comporte de esta manera?

Fue precisamente esa pregunta la que me llevó a realizar múltiples especializaciones. Necesitaba comprender el desarrollo infantil desde la pediatría, la psiquiatría, la psiquiatría infantojuvenil, la nutrición clínica y otras áreas relacionadas con el metabolismo, la genética y el neurodesarrollo. Entendí que el cerebro no funciona aislado. Se desarrolla influenciado por la nutrición, el sueño, el sistema inmune, el intestino, la genética, el metabolismo y muchos otros factores que interactúan entre sí.

Con el paso de los años observé algo que hoy considero fundamental: dos niños pueden tener el mismo diagnóstico y necesitar abordajes clínicos completamente diferentes. No porque el diagnóstico sea incorrecto, sino porque las condiciones médicas asociadas pueden ser distintas. Esa es una de las principales diferencias del enfoque que desarrollamos en nuestro consultorio.

Muchas familias llegan diciendo que ya realizaron una resonancia magnética, un electroencefalograma y algunos análisis de laboratorio. Como esos estudios no mostraron hallazgos importantes, les dijeron que simplemente continuaran con terapias. Sin embargo, la medicina no termina cuando una resonancia es normal. Una resonancia normal no descarta alteraciones metabólicas. Un electroencefalograma normal no excluye todas las enfermedades neurológicas. Un laboratorio básico tampoco estudia la enorme cantidad de procesos biológicos que pueden influir sobre el neurodesarrollo. La diferencia no está solamente en pedir estudios, sino en saber cuándo indicarlos, cuáles solicitar según la historia clínica y cómo interpretar los resultados dentro del contexto de cada paciente.

En nuestro consultorio no trabajamos con protocolos idénticos para todos los niños. Cada consulta comienza reconstruyendo la historia clínica desde el embarazo hasta la actualidad. Analizamos antecedentes familiares, desarrollo, alimentación, calidad del sueño, evolución del lenguaje, crecimiento, enfermedades previas, estudios realizados y muchos otros aspectos que permiten construir un razonamiento clínico individualizado. A partir de esa evaluación definimos, cuando corresponde, qué estudios realmente pueden aportar información útil para ese paciente en particular.

En algunos niños encontramos alteraciones metabólicas que requieren un abordaje específico. En otros detectamos enfermedades gastrointestinales que condicionan dolor, inflamación o dificultades nutricionales. También evaluamos, cuando la historia clínica lo justifica, la posibilidad de trastornos del sueño, enfermedades inmunológicas, alteraciones genéticas, problemas neurológicos, condiciones vasculares u otros procesos médicos que puedan estar participando en el cuadro clínico. No todos los pacientes presentan estas condiciones, pero identificarlas cuando existen puede ser muy importante para orientar el tratamiento.

Con frecuencia escucho a padres decir que sienten que el pronóstico de su hijo ya está definido. Sin embargo, considero que hablar de pronóstico sin haber realizado una evaluación clínica integral deja muchas preguntas abiertas. Cada niño tiene una historia diferente y conocer los factores médicos que están influyendo en su desarrollo permite comprender mejor su situación y planificar un abordaje más personalizado.

Esta forma de trabajar no surgió de una teoría. Surgió de miles de consultas clínicas y de la necesidad de responder preguntas que muchas veces quedaban sin contestar. Por eso decidí continuar capacitándome durante años. Mi objetivo nunca fue tratar únicamente un diagnóstico, sino comprender al niño en toda su complejidad. Esa búsqueda permanente es la que hoy forma parte de cada evaluación que realizamos.

Si llegaste hasta este artículo porque sentís que todavía quedan dudas sobre el desarrollo de tu hijo, quiero decirte algo importante: muchas familias consultan cuando sienten que ya hicieron todo lo que les indicaron y, aun así, necesitan entender mejor qué está ocurriendo. La consulta médica integral tiene justamente ese objetivo: revisar en profundidad la historia clínica, analizar los antecedentes, evaluar los estudios ya realizados y decidir, con criterio médico, si existe alguna otra línea diagnóstica o terapéutica que valga la pena explorar.

Nuestro trabajo no consiste en prometer soluciones simples ni tratamientos universales. Consiste en estudiar cada caso de manera individual, integrar toda la información clínica disponible y diseñar un plan personalizado cuando existe una indicación médica. Ese es el valor de una consulta que pone al paciente en el centro y no solamente al diagnóstico.

Si buscás una segunda opinión médica porque sentís que todavía hay preguntas sin responder, o si querés una evaluación que integre el neurodesarrollo desde una perspectiva clínica amplia, podés solicitar una consulta con nuestro equipo. Durante la evaluación analizaremos en detalle la historia clínica de tu hijo, revisaremos todos los estudios previos y construiremos un razonamiento diagnóstico individualizado para definir los siguientes pasos.

Porque detrás de una misma etiqueta diagnóstica puede haber historias completamente diferentes. Y entender esa historia es, muchas veces, el primer paso para ofrecer un abordaje realmente personalizado.

Solicitar una consulta no significa comenzar de cero. Significa revisar el caso con una mirada clínica integral, basada en la medicina personalizada, para ayudarte a responder una pregunta que muchos padres siguen haciéndose: "¿Estamos haciendo todo lo que realmente puede ayudar a nuestro hijo?" Si esa pregunta también es la tuya, nuestro consultorio puede acompañarte en ese proceso de evaluación.

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